Las aguas grises son aguas residuales domésticas provenientes de usos como duchas, tinas y lavamanos, según las definiciones y exclusiones establecidas por la normativa chilena. No incluyen las aguas de los inodoros y su reutilización no consiste simplemente en desviar una tubería hacia el jardín.
Aunque puedan verse relativamente limpias, contienen jabón, materia orgánica, microorganismos, cabellos y productos químicos. Si se almacenan o utilizan sin tratamiento pueden generar malos olores, favorecer el desarrollo de microorganismos y contaminar el suelo o cursos de agua.
Chile cuenta con la Ley 21.075 y con el reglamento sanitario aprobado mediante el Decreto 40, que establecen condiciones para los sistemas de recolección, tratamiento y reutilización de aguas grises. Los usos permitidos y la calidad exigida dependen del destino del agua tratada. Por eso, una instalación permanente debe ser diseñada y autorizada conforme a la normativa vigente y no puede improvisarse con conexiones domésticas.
Lo que no debemos hacer
- Conectar directamente una descarga de ducha o lavadora hacia un río, estero o zanja.
- Usar aguas grises sin tratamiento para beber, cocinar o higiene personal.
- Regar productos que se consumen crudos si el sistema o la normativa no lo permiten.
- Almacenar agua gris sin control, porque se deteriora rápidamente.
- Mezclar la red de agua potable con una red de agua reutilizada.
- Permitir que niños o mascotas entren en contacto con ella.
Una alternativa que requiere planificación
Un sistema correctamente diseñado puede reducir el uso de agua potable en destinos que no requieren calidad de bebida, dentro de los usos autorizados. Además, en sectores con saneamiento individual puede disminuir parte del volumen enviado al sistema de disposición, siempre que la solución completa sea técnicamente adecuada.
Esto no significa que cualquier vivienda deba instalarlo inmediatamente. Antes hay que evaluar costos, mantención, tratamiento, características del terreno y exigencias sanitarias. La asesoría de profesionales competentes y la consulta a la autoridad correspondiente son indispensables.
Para usos simples como riego ornamental, la captación separada de agua lluvia suele ser una alternativa más sencilla, siempre que se almacene de forma segura y sin conectarla a la red potable.
Reutilizar agua puede ser positivo, pero solo cuando protege la salud, evita la contaminación y cumple la regulación. Una buena intención no compensa un sistema mal diseñado.
